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Mr. Paciencia, la madre de toda la Ciencia

Esto no me lo esperaba.

Nadie me había avisado. Ni mi familia, ni mis amigos, ni tan siquiera aquellos profesores que parecían estar al corriente de todo. Pasé por la Universidad y ni por esas. Pero llegó un momento en que todo aquello que no entendía tomaba sentido. Me puse a pensar un poco (muy poco) y advertí al igual que Descartes que había llegado a una solución magistral para mi propio reconocimiento. La solución era relativamente simple: hay que tener la paciencia de un santo y un par de pelotas para sortear a la gente, sobre todo cuando visitas Ikea un sábado por la tarde.

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